Sinceramente, creo que no habrá ninguna diferencia entre la nueva administración de Christine Lagarde con la anterior de Dominique Strauss-Kahn. Y lo digo desde el punto de vista institucional.

Tal vez más favorable para la Argentina hubiera sido que un representante de las economías emergentes haya llegado a la dirección del Fondo Monetario Internacional (FMI). En este sentido, creo que se perdió una oportunidad para que los países considerados emergentes tuvieran más protagonismo. En definitiva, varios de ellos terminaron apoyando la candidatura de Lagarde. El management seguirá en manos de los países avanzados, probablemente con mayor influencia de los emergentes, pero el Fondo sigue siendo un club de los países ricos y no creo que esto cambie.

La relación del FMI con el país seguirá en los mismos canales de siempre. Lagarde es una buena candidata con un buen trabajo previo, pero creo que no cambiará el trato con la Argentina, como tampoco estimo que tenga incidencia en la relación con el Club de París. Creo que la deuda con estos acreedores tendrá una pronta resolución.

La realidad es que los cambios en el organismo obedecen a una cuestión personal, más que de políticas ni de estructuras. Estas seguirán siendo las mismas. (Especial para LA GACETA)